
Con Alba Emoting, Cone encontró una herramienta para mirar las emociones desde otro lugar. El método trabaja con patrones corporales y respiratorios asociados a emociones básicas, y durante su formación con Susana Bloch, creadora del método, empezó a comprobarlo en la práctica. La respiración cambia. La postura cambia. El cuerpo responde. Para ella, la gestión emocional dejó de ser algo que solo se conversa y pasó a sentirse también físicamente. Lo que nació conectado a la actuación fue tomando espacio en su trabajo como facilitadora. Hoy acompaña a otras personas a reconocer esas señales y a mirar de cerca lo que sienten, sin tener que esconderlo ni explicarlo todo de inmediato.
El cáncer de mama hizo que esa conversación con el cuerpo se volviera personal. Durante el tratamiento, Cone comenzó a mirar con más atención sus límites, su cansancio y la necesidad de parar. El autocuidado dejó de ser algo que recomendaba hacia afuera y pasó a ocupar un lugar concreto en su propia vida. Se preguntó qué necesitaba ella antes de seguir respondiendo a todo lo demás. No buscó una causa emocional para la enfermedad ni una explicación sencilla para lo que estaba viviendo. Lo que sí cambió fue su forma de priorizarse. Aprendió que seguir sosteniendo todo no siempre es fortaleza y que, en ciertos momentos, pedir ayuda también puede ser parte de cuidarse.
Esa forma de cuidarse también entró en su casa. Con sus hijas, Cone no intenta parecer una mamá que puede con todo. Si está cansada, triste, frustrada o con miedo, esas emociones pueden nombrarse. Para ella, mostrarlas no significa cargar a sus hijas con lo que siente, sino dejarles ver que una mujer también puede atravesar días difíciles sin esconderlos. El bienestar emocional aparece entonces en escenas mucho más cotidianas: hablar, hacer una pausa, aceptar que algo duele y reconocer cuándo hace falta apoyo. Así, sus hijas aprenden que sentir también está permitido.
Cuando el día se acelera, Cone vuelve a cosas simples: respirar, escuchar música y hacer una pausa. Así busca regresar al presente antes de seguir. Es su manera de gestionar las emociones sin pretender borrar lo que siente. El miedo, la tristeza o la ansiedad no desaparecen porque una quiera estar bien; se atraviesan poco a poco. Para ella, el bienestar emocional se construye también en esos momentos pequeños, cuando deja de exigirse responder a todo y se permite escuchar qué necesita. A muchas nos pasa: seguimos por inercia hasta que el cuerpo dice basta.